Somos ratones

Nos vamos haciendo mayores y ahora vamos de conciertos, de Yo soy ratón, pero conciertos al fin y al cabo. Estuvimos en Planeta Invisible hace unos días, deseosos de escuchar Caca, aunque tengo que decir que la del tiburón la ha desbancado en la lista familiar de temas más cantados.

Más allá del buen rato que pasamos, tengo que agradecer dos cosas más a Yo soy ratón.

La primera que vendiera su CD a la salida del concierto. Después de tres años de reproducción continua en bucle (incluso en viajes largos Madrid – Andalucía), hemos conseguido sacar el CD de Frozen del reproductor del coche. Es un alivio para los oídos, aunque no puedo negar que de vez en cuando me gusta oír Suéltalo.

La segunda es que sus letras tengan mensajes para los padres y madres. Canción protesta es una de ellas. Ahí van un par de reflexiones rápidas surgidas al escucharla:

  • Llevamos a los niños al cole o la guardería y se quedan llorando y, guiados por el “consejo” de las profesoras, salimos corriendo hacia nuestros trabajos sin mirar atrás porque se supone que es lo mejor para ellos. Es sorprendente que quieran “seguir siendo nuestros hijos” después de semejante sensación de abandono. Lamentablemente, temerosos de perder el curro, no nos damos la vuelta y tratamos de calmarles y explicarles que volveremos o, dado el caso, nos volvemos a casa con ellos a la espera que el día siguiente sea mejor.
  • Esa manía que tenemos todos de decir “no pasa nada“. ¿Cómo que no pasa nada cuando un enfermero me pone cuatro vacunas seguidas? ¿Cómo que no pasa nada cuando me caigo y me raspo toda la rodilla? ¿Cómo que no pasa nada cuando tengo el culo tan escocido que hasta el roce de una toallita de hace ver las estrellas?

Julie, Edie, creo que lo he entendido, así que a partir de ahora lo intentaré hacer mejor. Y si no es así, siempre me podréis poner Yo soy ratón:

Libros que vamos leyendo (II): Vamos a cazar un oso

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Sé que es un clásico y que su ilustradora, Helen Oxenbury, ha recibido premios importantes por su trabajo, pero no me gusta Vamos a cazar un oso. No me gusta la caza, no me gusta que se vincule violencia con juego y diversión en familia y no me gustan la mayoría de adjetivos que utilizan para calificar al animal en cuestión: peligroso, horroroso, terrible, monstruoso, feo, espantoso,… Fomentar que en el imaginario colectivo haya animales “malos” sólo contribuye a que luego algunos justifiquen su caza hasta prácticamente su eliminación. Véase en nuestro país el caso del lobo ibérico o el propio oso pardo.

En esta ocasión, Agent Dunham no acertó con la adquisición.

Tres consejos para ahorrar en la vuelta al cole (y el resto del año)

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Dicen que cuando tienes niños la famosa cuesta pasa a ser en septiembre en vez de en enero. Más bien yo diría que estamos en una permanente cuesta. Es evidente que con la vuelta al cole se hace más pronunciada, pero en términos de economía familiar siempre es empinada (hacia arriba). En octubre serán los materiales para las extraescolares, en noviembre un abrigo porque el del año pasado se le ha quedado pequeño, en diciembre navidad, en enero los reyes magos, en febrero otras zapatillas porque le ha crecido el pie, en marzo es semana santa, en abril su cumpleaños, en mayo necesita ropa de verano, en junio empieza el campamento de verano, etc., etc., etc.

Para todos aquellos que están en esa cuesta permanente son mis tres consejos para ahorrar en la vuelta al cole y el resto del año.

1) Ahorrar agua

Hace tiempo que sigo a un bloguero que escribe en una plataforma llamada iAgua sobre diferentes temas, algunas veces sobre el ahorro de agua. Recientemente escribía un post con un cierto toque de humor en el que recogía cinco ideas para reutilizar (y por tanto ahorrar) agua en casa: desde recuperar agua de la ducha para usarla en el WC a utilizar el agua de la cocción de alimentos para regar las plantas, pasando por la recogida de agua de lluvia. Según comenta, con esas cinco medidas, su familia (dos adultos y dos niños) podía ahorrar hasta 11.000 litros de agua al año, más o menos dos terceras partes de todo el agua que gastan en las descargas del váter. Si tienes poco tiempo para leer, también resumía las ideas en una breve infografía.

2) Ahorrar en la alimentación

Todos comemos, incluidos nuestros hijos (a veces mucho), así que aquí podemos ahorrar bastante. ¿Cómo? ¿Dándoles menos cantidad? ¿Comprando peor calidad? No, a través de dos medidas sencillas: por una parte comprando productos de temporada y, por otra, evitando el desperdicio de alimentos.

Empecemos por el consumo de productos de temporada. Es tan sencillo como comprar las frutas y verduras que se dan en cada momento del año. Es decir, las mandarinas en invierno y el melón en verano, porque si se te antojan fresas en noviembre tendrás que preparar la cartera. La OCU, por ejemplo, tiene un calendario bastante sencillo de frutas y verduras para que no nos perdamos (sobre todo los urbanitas más desconectados del campo).

Respecto al desperdicio de alimentos, según datos del Ministerio de Agricultura y Alimentación y Medio Ambiente, en los hogares españoles tiramos un 5% de la comida que compramos, lo que supone mandar directamente a la basura una buena cantidad de recursos y dinero. En internet es fácil encontrar ideas y recursos para que bajemos de ese 5%. Sin ir más lejos, el propio Ministerio tiene una guía bastante apañada.

3) Ahorrar luz

Uno de los pasatiempos favoritos de Edie desde que llega a los interruptores es encender y apagar la luz de cualquier habitación. Pese a que le habremos dicho un millón de veces que eso no se hace, nunca desaprovecha la oportunidad de hacer una escapadita a alguna habitación a darle al botoncito, a veces hasta que funde la bombilla. Por su parte, Julie es bastante aficionada a dejarse la luz de cualquier habitación encendida al salir. Si vives una situación similar y quieres empezar a bajar el importe de tu factura de la luz, puedes poner un vinilo tipo fábrica de CO2 en cada interruptor de tu casa, aunque te recomiendo que empieces por cantar y bailar Apaga la luz, enciende el planeta, es mucho más divertido:

Espero que estos consejos os sirvan para ahorrar en la vuelta al cole y el resto de año. No supondrán grandes cantidades de dinero, pero cada gota suma. De lo que estoy seguro es de que el medio ambiente lo agradecerá, ahorremos también en impactos negativos al planeta.

Libros que vamos leyendo (I): La cebra camila

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Agent Dunham y yo somos bastante aficionados a la lectura (desde que somos padres algo menos, hay que reconocer). Los libros son cultura, imaginación, apertura de miras,… Si en algo estábamos de acuerdo es que trataríamos de inculcar a nuestros hijos el amor por los libros. Parece que con Julie lo hemos conseguido y el cuento antes de dormir no se lo quita nadie.

Me gustaría compartir breves reseñas de los libros que vamos leyendo, así que espero que este sea el primero de muchos otros post.

Comienzo esta aventura de “crítico literario” con La cebra Camila. La moraleja es que todo, hasta lo más complejo, tiene solución, sólo por eso ya se merece una valoración positiva. Además es bastante divertido, así que os animo a descubrir qué pasó cuando el viento bandido se llevó las rayas del vestido de la amiga Camila.

Un centro de mando casero

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Creo que no soy el único padre al que no le hace del todo gracia la Patrulla Canina. Personalmente le encuentro tres grandes pegas:

  • La primera es que siempre van en coche o vehículo motorizado (¡hasta duermen en él!) cosa que va contra mi deseo de transmitir a mis hijos que somos responsables de buena parte de lo que ocurre en el planeta y que, por tanto, y entre otras muchas cosas, tenemos que tratar de realizar una movilidad lo menos dependiente posible de los combustibles fósiles.
  • La segunda es el protagonismo de Chase, el perro policía. Me pone de mala leche cada vez que le oigo decir “siempre alerta, señor”. No sé si es ponerse tiquismiquis, pero no me gusta el tufillo liderazgo – autoridad – obediencia que veo alrededor de él.
  • Y la tercera es Skye. ¿Qué decir de ella? La única chica, tan rosa, tan modosita, tan tontita,… Me subo por las paredes cuando Julie dice “yo soy Skye” (cosa que ocurre en el 100% de los casos que habla de los famosos cachorros).

Hay días que dan ganas de vetar la serie en casa, pero sabemos que no conseguiríamos nada. Prohibir sólo llevaría a generar más interés y ¡más ganas de ser como Skye!, así que preferimos convivir con el mundo que nos ha tocado y poner nuestras “medidas de contingencia”: hablar, ver alternativas, reflexionar,…

Con toda seguridad no se debe a nada de lo que hemos hecho, pero Julie ha decidido que Zuma es también una chica, así que, aunque tampoco es la protagonista, contrarresta algo el papel de la rosada perrita y estamos contentos.

Conviviendo con nuestras incoherencias, este verano hemos construido un centro de mando casero. Nada muy espectacular pero nos ha servido para ocupar de una manera creativa una tarde de calor y de paso aprender (o eso espero) que no siempre tenemos que comprar un juguete para divertirnos.

Nuestro centro de mando está totalmente libre de copyright. Si queréis montar el vuestro sólo necesitaréis una caja de cartón de tamaño medio, un trozo de cartón adicional para hacer el tobogán (fundamental), un cúter o cuchillo de sierra, tijeras y pinturas.

Planes anti-lluvia

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Uno de los peores enemigos de cualquier familia con niños es un fin de semana de lluvia. Demasiadas horas encerrados en casa sin poder salir a la calle a desfogar y quemar energía no pueden acabar en nada bueno. Algunos optan por los centros comerciales. Pero cuando no te gustan ni las compras ni las aglomeraciones no son la mejor opción. No voy a decir que no hayamos probado alguna vez, pero dudo que volvamos a repetir, a no ser que estemos muy, muy desesperados o como consecuencia de alguna catástrofe nos quedemos sin ropa o similar.

Este fin de semana ha sido uno de esos, así que tuvimos que buscar plan. Más bien Agent Dunham había buscado previamente plan (sí, destaca por ciertas capacidades adivinatorias, seguro que su instinto le dijo que llovería). Así que, armados de paraguas y plástico para el carro, nos fuimos a Planeta Invisble, por resumir (y que nadie lo interprete como un menosprecio, que no lo es) un lugar con techo para jugar.

Se trata de un espacio con dos plantas. Edie y yo nos bajamos a un taller de cuentos cantados y Julie y Agent Dunham se quedaron en la parte de arriba jugando con otros niños (supongo que también con padres desesperados por las horas y horas de lluvia).

Del taller tengo que decir que estuvo bien, aunque, como casi siempre en estos casos, me quedo con la duda de si un niño tan pequeño como Edie se entera del asunto. Mientras tanto, arriba, parece que la sesión de juego libre estuvo muy bien (Julie, por supuesto, luego no se quería ir). Después, aprovechando que el sitio tiene cafetería, mientras Edie comía su puré los demás nos tomamos una porción de tarta (queda apuntado volver cuando Edie sea un poco más mayor y dejarles jugando en el espacio para niños mientras nos tomamos un café y charlamos).

Luego vuelta a casa y a comer. Medio día de lluvia fuera de casa, misión cumplida.

#ElTemaDeLaSemana El peor momento del día

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Éste será un micropost de verdad: el peor momento del día es cualquiera en el que te cabreas y, rojo, acabas bufando a tus hijos (normalmente porque estás cansado, llegas tarde o cualquier otro tema totalmente ajeno a ellos). El posterior sentimiento de derrota, tristeza y la decepción contigo mismo son indescriptibles.